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Cultura

Recuerdos de parrandas, aguinaldos y asaltos navideños

por Hugo Marín (hugo.marin@lamegamedia.com)


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Con el pasar de los años y los efectos de la modernización, muchas tradiciones dejan de practicarse para convertirse en una memoria de antaño. 

En mis tiempos de infancia, la temporada navideña en Puerto Rico era muy distinta a como esta se desenvuelve hoy día, hemos dejado de continuar nuestras costumbres de la temporada para sustituirlas por otras que no son parte de nuestra cultura. 

Una vez llegaba el mes de diciembre, grupos de personas organizaban lo que conocíamos como “parrandas”. 

Acompañados por instrumentos musicales folclóricos como el güiro, el cuatro y la tambora, los parranderos iban de casa en casa ofreciendo unas canciones navideñas llamadas “aguinaldos”, a cambio de una pequeña donación monetaria. 

Usualmente, el dinero acumulado se guardaba para utilizarlo en una fiesta comunitaria entre Nochebuena y el Día de Reyes. 

De igual forma, eran comunes los “asaltos navideños”. 

La práctica consiste en que un grupo de parranderos sorprendían a una familia en altas horas de la noche, usualmente cuando estaban durmiendo, y les despertaban al son y ritmo de alegres aguinaldos. 

Era de costumbre que los dueños de la casa abrieran sus puertas para recibir el “asalto”, ofreciendo bebida y comida a los “asaltantes”. 

El “asalto” se convertía en una fiesta, coloquialmente denominada como “jolgorio”, que duraba hasta el amanecer.  

Las familias también organizaban “parrandas” en sus hogares e invitaban a todos sus vecinos, dada la naturaleza de estas costumbres, las festividades navideñas no se limitaban a los días establecidos como feriados, sino que podían darse en cualquier momento durante toda la temporada. 

De hecho, el período navideño comenzaba con la llegada de diciembre y culminaba con las “Octavitas”, que eran los 8 días pasados el seis de enero. 

Las canciones, cónsonas con las celebraciones, consistían en una inusual combinación de alusiones religiosas, con alardes al consumo de alcohol. 

Para el Día de Navidad, los niños no recibían regalos, Santa Claus no existía y quienes traían obsequios a la casa eran los Tres Reyes Magos en enero. 

Hoy día, en Puerto Rico, las Navidades se han convertido en una dinámica centrada en el consumismo. 

Los centros comerciales son actualmente el epicentro de la Navidad. La compra de regalos ha reemplazado el compartir en una alegre fiesta.

Aun se puede encontrar una parranda familiar o de comunidad ocasionalmente, pero estas son más comunes en eventos culturales, o como demostraciones de lo que en el pasado fue una tradición. 

Es más probable encontrar músicos pagados tocando aguinaldos en una megatienda o centro comercial, que en nuestros propios vecindarios. 

Para la Nochebuena, las personas lucían sus mejores ropas, asistían a la Misa del Gallo o se iban de jolgorio.

Ahora, a pesar del cálido clima caribeño, para esa noche, es común ver en redes sociales a las familias tomándose fotos en pijamas de franela que les cubre de pies a cabeza, o dejando galletitas para recibir a Santa Claus.  

La antigua costumbre de adornar el patio posterior de la casa con un pesebre se ha reemplazado por gigantescos inflables de muñecos de nieve, renos y Santa Claus. 

La americanización ha llevado a que se desvalorice lo propio, lo autóctono y sea desplazado por emular la cultura estadounidense. 

No obstante, el pavo nunca reemplazará al “lechón asao” o el “egg nog” al coquito.

 

  



 

  





 

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